Juego raso y profundidad ofensiva

Favorecer el juego en profundidad progresando sobre la portería rival a través de juego raso, con apoyos próximos que den verticalidad al ataque.
  • Objetivo táctico principal: Favorecer el juego en profundidad progresando sobre la portería rival a través de juego raso, con apoyos próximos que den verticalidad al ataque.
  • Principios ofensivos: Apoyo, movilidad, rapidez y profundidad ofensiva.
  • Contexto estructural: Juego de ataque en igualdad numérica.
    • Jugadores: 18 (2 equipos de 8 jugadores + 2 porteros).
    • Espacio: 1 zonas de 75 x 60 metros.
    • Duración: 2 series de 10 minutos.
    • Material: Balones, petos, semiesferas y una portería móvil.
  • Estímulos perceptivo-decisionales: Reconocer cuando es posible progresar con rapidez en profundidad y cuando es necesario asegurar la posesión, valorando la posición de los compañeros, la presión rival y la ocupación de los espacios intermedios.
  • Reglas condicionantes: Juego raso a 3-2 toques. El jugador que reciba un pase atrás debe jugar  al primer contacto. Solo levantar el balón para culminar el ataque con un centro lateral.
  • Consignas del entrenador: No levantar al balón. Asegurar el pase en profundidad. Aprovechar los apoyos en corto en el juego de conjunto. Explotar los espacios por banda para dar verticalidad.
  • Criterios de evaluación: Número de progresiones sobre el área rival. Calidad en la circulación del balón. Eficacia en la toma de decisiones en el juego en corto y en largo.
  • Progresiones o variantes: Limitar el número de toques. Alterar las relaciones numéricas. Tras un número de pases cortos jugar en largo.
  • Tarea / Reglas:
    • Atacantes: Progresar sobre la portería rival a través de juego raso a 3 toques con la intención de golear.
    • Defensores: Recuperar el balón, evitar la progresión del rival e impedir el gol. Tras la recuperación cambian de rol.

Reflexión metodológica

La limitación al juego raso busca favorecer comportamientos ofensivos relacionados con la continuidad de la circulación, la movilidad de los apoyos y la progresión vertical mediante pases precisos y coordinados. La restricción de contactos y la obligación de jugar al primer toque tras pase hacia atrás incrementan la velocidad perceptivo-decisional de la tarea, obligando al jugador a perfilarse antes de recibir y a interpretar continuamente los espacios de progresión. El valor metodológico del ejercicio reside en desarrollar un juego de conjunto dinámico, donde la verticalidad no depende únicamente del pase largo, sino de la coordinación entre apoyos cortos, movilidad y ocupación racional de los espacios para progresar con rapidez hacia portería rival.

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